EL “CARDIO”, ¿ANTES O DESPUÉS?

Es una pregunta que recibimos de muchos clientes muestra de que algo en nuestra educación física no ha quedado muy claro, así que vamos a dar luz al asunto.

¿Antes o después de qué? Por supuesto es la duda que genera el título de este artículo y estamos hablando de esa costumbre sana que tenemos todos los que a diario vamos a un gimnasio de diferenciar dos tipos de ejercicios los “cardiovasculares” (o aeróbicos) y los de “musculación” (o anaeróbicos). Al menos sabemos distinguirlos con facilidad quizás porque en unos se suda y en los otros se sufre.

Partiendo entonces de la base que sabemos distinguir esas dos partes fundamentales de un acondicionamiento físico se nos plantea la duda de decidir en una sesión de entreno el orden de ejecución de cada uno de ellos.

El ejercicio anaeróbico (musculación) si se quiere hacer bien y efectivo demandará una alta cantidad de glucógeno, y el consumo de oxígeno no será determinante en su  ejecución. En cambio un ejercicio donde de manera continua involucremos grandes masas musculares en los movimientos como es la actividad aeróbica tiene al sistema respiratorio y cardiovascular como principal motor y el consumo de oxígeno es determinante.

Personalmente me gusta hablar (escribir) en un lenguaje coloquial, poco científico, pero que la utilización de símiles nos permita hacernos una idea más concreta de la fisiología de nuestro cuerpo. Aquellos puristas y afectados por titulitis aguda pueden abstenerse de seguir leyendo para evitar una reacción alérgica. Los curiosos en cambio encontrarán una nueva forma de entender un poco nuestro funcionamiento.

Cuando nos movemos, sea la actividad física que sea, nuestro cuerpo necesita energía, necesita calorías. Necesita por tanto mantener la caldera en funcionamiento. Para conseguir esas calorías lo más sencillo es usar todas las fuentes energéticas (que tengan calorías) que estén circulando en sangre en ese momento e introducirlas en su caldera.

Venga, imaginen una caldera de una máquina de vapor y alrededor de la misma varios sacos con distintos combustibles. Hay glucógeno, aminoácidos, ácidos grasos, … Pues el maquinista irá cogiendo un poco de todo para mantener la caldera activa.

Si comenzamos nuestra actividad con una sesión de ejercicio cardiovascular a un ritmo medio bajo, iremos consumiendo un poco de todos esos aportes energéticos (los aminoácidos en un porcentaje muy bajo, por lo que lo obviaremos). Un ritmo constante pero que por facilidad de uso se decantará más del lado del consumo de glucógeno en los primeros minutos. Pasado el tiempo y al ver que los depósitos de azúcar se nos están agotando, los porcentajes de consumo comenzarán a decantarse por el consumo de ácidos grasos que por supuesto aportan más energía que los otros. Voilá , si querías quitarte grasa este es nuestro camino.

Ahora bien, pasados 45 minutos o una hora que más o menos es lo que le hemos dedicado al ejercicio aeróbico nos plantamos en la sala de musculación para ponernos fuertes. Y en la primera serie nuestro maquinista mirará angustiado al saco del glucógeno, que es lo que demanda esta actividad física y resulta que está ya en la reserva, así que tendrá que tirar de las grasas pero por desgracia estas no funcionan tan bien a la hora de ejecutar correctamente un movimiento articular con carga, producir una tensión muscular y a la postre realizar un entrenamiento efectivo de musculación.

Si bien ahora invertimos el orden y la primera actividad de la sesión es la anaeróbica, podremos usar el saco del “azúcar” de una mejor manera para realizar un entreno efectivo de tonificación muscular y llegado el momento de pasarnos al cardio no le quedará otro remedio a nuestra caldera que aumentar desde un primer momento el consumo de ácidos grasos, lo que a su vez producirá un gasto de las reservas de grasa que hemos acumulado entre cerveza y tapa este verano.

Por supuesto nos dirigimos siempre a un usuario común, aquellos que son mayoría en los centros deportivos y que por desgracia no suelen estar bien asesorados y a los que nosotros en nuestra consulta atendemos con más esmero.

Un deportista de élite, profesional o experto en la actividad física es un caso que habría que estudiar a parte, con otras necesidades y unas habilidades físicas que debe conseguir o mejorar mediante el entrenamiento. En esos casos, perder chicha deja de ser una prioridad.

Recuerda que nosotros podremos decirte cómo debes hacer las cosas correctamente, pero el trabajo tendrás que hacerlo tú.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.