El salto de dieta

Cada uno lo llama a su manera; cheatmeal, refeed, comida trampa, comida libre, comer como un cerdo hasta reventar, … En fin, algo que en los últimos años se ha puesto de moda a través de los influencers fitness, llegando a ser incluso un reclamo de preparadores y entrenadores de moda en las redes. “Conmigo comerás chocolates”, “conmigo comerás helados”, “conmigo comerás pizzas”, algo que se me antoja triste, creer que alguien puede elegir a uno o a otro entrenador por el simple reclamo de que va a comer eso que tanto le gusta.

Todo esto es algo nuevo, algo que hace unos años no nos planteábamos ninguno. En mis primeras preparaciones la dieta era tal cual estaba escrita en el papel del preparador, duraba meses, y el mayor cambio que podías ir haciendo eran cosas del estilo, “quita 50 gr. de arroz”, “quita 100 gr. de papas” o “quita el sodio, hasta el de la pasta dentífrica”. Y aún así hacíamos preparaciones largas que además llegaban a buen puerto.

Con esto para nada quiero decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. No va conmigo esa actitud y siempre huyo del romanticismo injustificado. Simplemente recordaba lo reciente de esa costumbre extendida, que hace que cuando le dices a un cliente que no debe saltarse la dieta, te responda con cara de “tu estás loco”.

Pero vamos al grano, ¿sirve para algo?.

La respuesta a esa pregunta dependerá del preparador que la defienda, así que como siempre hago y sin sentar cátedra, les daré la mía.

Tal y como introducía párrafos atrás, este tema de las preparaciones físicas con base “culturista” es algo relativamente reciente, aunque ahora lo llamemos “fitness”. La diferencia es que antes, quien se ponía a dieta con control de cantidades solían ser unos locos musculosos y vigoréxicos totalmente antisociales y alejados de la realidad. En cambio ahora ser Fit es “cool“, y por tanto se ha acercado mucha gente a este estilo de vida, como una moda más de estos tiempos. Un estilo de vida que si lo llevamos a su máximo extremo estaríamos hablando de nuevo de métodos y técnicas bastante sacrificadas y destinadas a unos pocos, no a un amplio abanico de personas que es actualmente el universo fitness. De ahí que durante estos últimos años se han introducido en todo este universo nuevas soluciones alimenticias que nos hacen la dieta algo más fácil de llevar. Y el uso del salto de dieta es una de esas herramientas que permiten a muchas personas mantener este estilo de vida al menos 30-33 comidas a la semana, permitiéndoles morir en una o dos comidas de las programadas para esos siete días. Aquí por tanto está la primera de las utilidades de esta técnica, acercar a un mayor número de personas al universo fitness.

Pero esa utilidad es poco fiable para quienes hacen las cosas que haces con un “porqué” de bandera. Así que justifiquemos esa solución casi terapéutica en la que se ha convertido ese “salto de dieta” de una manera algo más creíble.

Cuando diseñamos una dieta personalizada, fijamos un aporte calórico diario, que según los intereses del cliente llevan una relación directa con el gasto energético diario de la persona. Por norma general quien se somete a una dieta de este estilo tiene como objetivo principal reducir o mantener controlado su porcentaje de grasa, motivo por lo que esa relación entre ingesta calórica y gasto energético lo desequilibramos, restando un porcentaje al gasto calórico en comparación con la ingesta. Entramos en déficit, y por tanto en una dieta hipocalórica. Supongamos que ese déficit por norma general lo fijemos en 500 Cal diarias, algo que a lo largo de la semana, estaríamos en déficit semanal de 3500 Cal. Un margen que nos puede permitir ingerir en una comida un aporte calórico alto en el que tengan cabida grasas, azúcares y alimentos que matemáticamente no entraban en el día a día. Supongamos por tanto que el sábado por la noche nos vamos a cenar a un italiano e ingerimos entre pizza, pasta y panes, un total de unas 2000 Cal en una sola comida libre. Pues aún así estaríamos en un déficit semanal de unos 1500 Cal. Por lo tanto hemos roto una rutina dietética, hemos podido tener una vida más sociable ese día, y además hemos comido esos alimentos que durante la semana nos han causado sueños y pesadillas a la par.

Pero otra justificación tiene que ver con un interés más deportivo, que sería la sobrecarga de glucógeno. Tras varios días en déficit nuestro cuerpo va reduciendo poco a poco sus depósitos energéticos, y sin energía el rendimiento deportivo decae, si o sí. Así que esporádicamente realizar esa recarga “re-feed” o comida libre permite de nuevo recuperar unos valores óptimos de esos depósitos y favorecer la evolución deportiva a partir de ese día.

Ahora bien, mi opinión al respecto es una solución intermedia. Primero sería buscar un déficit no tan radical como esas 500 Cal del ejemplo que en algunos casos estaríamos hablando hasta del 30% de reducción sobre el gasto energético, lo que nos llevaría a llevar un cambio de dieta muy drástico. En cambio con una reducción sobre el 10% sería una dieta más llevadera y un sacrificio menor durante la semana. Y aún así, podríamos programar una comida algo más calórica de lo normal, con cabeza y controlada. Como digo siempre, un salto de dieta SIN MORIR. Una pizza, o un plato de pasta, o el bocadillo de pollo de la esquina, o la hamburguesa del gourmet esa tan de moda. Pero evitando a toca costa un aporte de azúcares simples que nos puedan causar entrar en un bucle sin salida (por la respuesta insulínica) que puede convertir una ingesta de 1000 Cal en un total de 5000 o 6000 de una sentada y tirar por tierra el trabajo de toda una semana.

Resumiendo, la madurez es importante cuando tomamos la decisión de llevar este estilo de vida como bandera, y dentro de la madurez de la persona está el saber valorar cuando por un momento de gloria, ponemos en juego el trabajo perfecto y meticuloso de toda una semana.

A veces para tener un buen cuerpo y una salud física envidiable antes que músculos, lo más importante es tener una buena cabeza amueblada.

 

 

 

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