ENTRENAR POR LA MAÑANA O POR LA TARDE

A menudo recibo consultas de este tipo sobre quien desea organizar su rutina diaria y encajar en la agenda de sus obligaciones cotidianas la visita al gimnasio para realizar su entrenamiento diario.

No todos podemos decidir a que hora entrenar. Las obligaciones laborales y personales nos dejan poco tiempo para acudir al gimnasio y muchas veces ese entrenamiento encaja en la agenda con calzador en algún hueco que quede libre. En esos casos la duda desaparece y la mejor elección siempre será entrenar a la hora que sea antes de desistir en el intento por la falta de disponibilidad.

Pero pongámonos en el mejor de los escenarios, donde tuviéramos la libertad absoluta de decidir en que momento del día nos vendría mejor. Analicemos las variables con las que nos encontramos.

Entrenar por la mañana tiene ciertas ventajas entre las que podemos mencionar la constancia y disciplina que supone arrancar el día con esta rutina sana de hacer ejercicio, permitiéndonos regular todos los procesos metabólicos de manera positiva y a favor de nuestros niveles hormonales ya que recién salidos de un sueño reparador las hormonas “positivas” se encuentran en pleno trabajo. También por la mañana estamos sometidos a menos agobio y una tranquilidad mayor ya que la carga laboral o personal del día aún no ha hecho su aparición en escena. Si además le sumamos que por norma general los gimnasios están menos masificados en horarios matinales que en los vespertinos, probablemente nos decantemos por esta opción.

Si buscamos beneficios a entrenar por la tarde noche, podemos agarrarnos a los estados de los niveles de energía ya que con una correcta alimentación habremos asimilado muchos nutrientes que han aportado energía para emprender un buen entrenamiento. Aunque existe el temor infundado que entrenar a última hora nos imposibilita el descanso, no hay estudios científicos al respecto y la experiencia me dice que tras un entrenamiento duro, y una ingesta acorde recuperadora, el sueño aparece de inmediato como una herramienta recuperadora fundamental.

Otra de las ventajas a las que muchos se agarran es a esa capacidad del entrenamiento físico de liberarnos y rebajar los niveles de estrés y ansiedad que vamos acumulando a lo largo de nuestra jornada.

Llegado a este punto de la disyuntiva la lógica me dice que debo elegir una hora que me permita optimizar todos esos aspectos positivos de ambos horarios. Por eso yo entreno a mitad de jornada. Sobre el medio día, en esa hora que la mayoría de personas se encuentran en sobremesa considero que es uno de los mejores momentos. Por un lado ya hemos ingerido dos o tres comidas de nuestra dieta diaria, así que los depósitos energéticos se encuentran llenos y me queda jornada por delante para otras cuantas comidas más que me permitan recuperarme bien de un fuerte entrenamiento.

A mitad de jornada el sistema hormonal se encuentra recuperado, en su máximo esplendor y el ciclo matinal de la testosterona ya ha hecho su aparición a media mañana, por lo que me aseguro un entorno también óptimo.

Desde el punto de vista del estrés, y tras una mañana de trabajo y obligaciones, descargar tensión de cara a afrontar una segunda parte de la jornada con garantías siempre viene bien.

Y si además eres de cultura española si tras la comida post-entreno, te puedes permitir una siesta recuperadora, ya entonces estamos en el nivel top de planificación horaria.

En definitiva, la mayoría de nosotros no podemos elegir horario y nos adaptamos al tiempo libre, pero en caso de poder elegir, prueba a entrenar a mediodía, quizás descubras el mejor momento de hacerlo y optimizar todos los recursos posibles, tal y como hice yo en una gran parte de mi carrera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.