ESTO DEL DEPORTE DEBE SER SANO

El título de este artículo no deja de ser una perogrullada, pero a veces tenemos que pararnos un momento, mirar a nuestro alrededor y recordar que los que hacemos deporte y llevamos una dieta alimenticia determinada tenemos como principal objetivo el aumento del rendimiento de nuestra actividad física pero a la vez el cuidado y si es posible, mejora de nuestra salud.

Todo esto viene a cuento de una publicación que recientemente hacía nuestra compañera Tayri Rodríguez en sus redes sociales en la que se lamentaba de la mala praxis de muchos de sus compañeros con algunas de sus clientas.

Y no puedo estar más de acuerdo con ella, porque en nuestra consulta a diario recibimos clientes que buscan un asesoramiento profesional en cuanto a su actividad deportiva y a su planificación dietética. Un gran porcentaje de ellos se sientan en frente nuestro con temor a lo desconocido, o peor aún, temor a lo conocido previamente. Porque es doloroso ver como algunos pseudo-profesionales del deporte juegan con la salud de las personas.

Muchos de esos “entrenadores” se agarran a un título de formación que en la mayoría de los casos se consiguen mediante contraprestación económica sin demostración de tener los conocimientos básicos necesarios para enfrentarse a la salud de un cliente.

Otros se agarran a su experiencia, a conocimientos heredados por la famosa herramienta pedagógica del “porque si” o la otra del “porque lo digo yo”, que son dos recursos muy usados en este sector lamentablemente.

Ninguna de estas dos opciones es válida bajo mi punto de vista para asumir la responsabilidad de dirigir la alimentación y el entrenamiento de un joven por muy sano que parezca.

Encontramos en nuestra consulta mujeres con desajustes alimenticios, con sobrepeso, o al contrario con pesos ínfimos, con desarreglos graves hormonales, así como hombres con impotencia, con ausencia de interés sexual, débiles, sumidos en depresión, etc… todo problemas ocasionados por planes de alimentación y ejercicios drásticos, radicales y alejados de ese objetivo de mejora física que buscamos los que nos preocupamos por nuestros clientes más allá de mejorar deportivamente cueste lo que cueste.

Cuando un cliente se pone en mis manos, sabe que conmigo no todo vale. Nos preocuparemos por el rendimiento deportivo, sí, pero también cuidaremos mucho su salud, porque aunque todos sabemos que moriremos algún día, vamos a intentar que sea lo más tarde posible y que durante toda la vida nos sintamos lo más sano posible porque solo así disfrutaremos al máximo de todo este camino, eso que algunos llaman calidad de vida. Una calidad de vida que sería imposible de alcanzar sin una salud física óptima y acorde a nuestra edad.

En ningún momento quiero habilitar como gran profesional a aquel que cuelga en su consulta el título universitario, porque la “titulitis” a mí personalmente me da alergia. Prefiero abogar por la inteligencia y por la voluntad positiva del profesional, de ese que reconoce no saber nada cuando sabe mucho, y del que asume la responsabilidad del devenir de una persona como si fuera un ser querido y cercano el que tiene frente a sí mismo. Sé que es difícil encontrar profesionales de esa índole en el mercado, pero les prometo que los hay, simplemente hay que saber elegir.

Tampoco quiero generalizar, porque sería tirar piedras sobre mi tejado. Alguien que es culturista, y que se siente culturista y que vive el fisicoculturismo como su estilo de vida, está expuesto diariamente a la generalización de otros profesionales que nos tachan de todo lo contrario a lo que defiendo en este artículo.

Pues yo soy culturista desde que tengo uso de razón, me he formado mucho, y sigo haciéndolo a diario, tengo muchísima experiencia en este  sector y aun así, cuando un nuevo cliente se planta frente a mí, siento ese cosquilleo que se llama responsabilidad, responsabilidad por su devenir, por su salud, por su éxito en la vida.

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