Yo no ceno hidratos

Parece ser una de las frases más utilizadas por aquellos que en cualquier momento del año deciden quitarse unos kilos, como si se tratara del secreto mejor guardado de aquellos que consiguen con fuerza de voluntad un peso corporal más saludable que la media de la población de nuestro entorno.

Para explicar de dónde viene esta afirmación sin cimientos tendríamos que entender que significa el vocablo “hidratos”. Nos referimos a uno de los tres macronutrientes que nuestro cuerpo utiliza para obtener energía a través de los alimentos, los hidratos de carbono.

Al igual que las proteínas, otro macronutriente, nos aporta cuatro kilocalorías por cada gramo ingerido, lejos de las nueve calorías que recibimos al ingerir un gramo de grasa, el tercer macronutriente fundamental.

La utilidad de los hidratos de carbono es puramente energética para nuestro cuerpo. Son utilizados por tanto para recuperar y administrar a nuestro metabolismo energía relativamente inmediata, motivo por el que solemos llegar a la afirmación de que a últimas horas del día el gasto energético de nuestro físico se reduce a la mínima expresión por lo que ingerir alimentos como fuentes de hidratos de carbono tiene poca o nula utilizad y no llegar a gastar ese nutriente ingerido puede producir el almacenamiento de este y por tanto el aumento de peso corporal.

Pero claro, todo en la vida es relativo y esta afirmación que titula nuestro artículo no va a ser una excepción. La ausencia de hidratos de carbono en la última ingesta de nuestra jornada estará indicada para algunos casos concretos siempre dependiendo de nuestra rutina diaria, la actividad realizada previa a esa comida, así como la actividad física posterior o incluso a la demanda energética que le vamos a exigir a primera hora de la jornada siguiente a nuestro cuerpo.

Podemos estar hablando de que acabamos de llegar de una larga jornada laboral con una gran demanda física o que acabamos de pasar una hora corriendo por el parque o que nos hemos trabajado durante cuarenta y cinco minutos nuestra musculatura a base de hierro en el gimnasio. O incluso somos de los que a la mañana siguiente nos levantaremos antes que los panaderos para salir a correr y colocar las calles durante cuarenta minutos cada día. Lógicamente estos casos, por poner un ejemplo, exigirán la ingesta considerable de hidratos de carbono en la última comida del día. Cada uno de nosotros en nuestra justa medida deberemos, o no, ingerir los hidratos necesarios en cada momento sin que eso sea un indicador directo de que vamos a engordar, sí o no.

El estudio de nuestro caso concreto por un especialista podrá determinar qué cantidad de hidratos ingerir y de qué fuente alimenticia los obtendremos, porque esa es otra, no será lo mismo un hidrato complejo con una liberación lenta y sostenida que un hidrato simple de asimilación rápida. No será lo mismo ni funcionará igual nuestro metabolismo si ingerimos una cantidad de hidratos provenientes de un cereal integral o un tubérculo durante la noche que si esa misma cantidad la obtenemos por ejemplo de la fruta. (…)

Uff, la fruta, si tocamos este tema se nos van cincuenta líneas más de artículo, así que lo dejaremos para una próxima entrega.

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