Cuando alguien empieza un proceso de mejora física, es normal que centre casi toda su atención en el peso, las fotos o el espejo. Pero limitar el progreso únicamente a esos indicadores puede hacer que pasemos por alto muchas mejoras importantes.
Aumentar cargas manteniendo una buena técnica, realizar más repeticiones con el mismo peso, recuperarte mejor entre sesiones, dormir mejor, controlar más fácilmente tu alimentación o simplemente ser capaz de mantener una rutina durante meses también son formas de progreso.
Además, la composición corporal no siempre cambia de forma lineal. Puede haber periodos en los que visualmente parezca que ocurre poco mientras estamos construyendo las condiciones necesarias para que después el cambio sea mucho más evidente.
Por eso, cuando valoramos una evolución, no deberíamos preguntarnos únicamente “¿peso menos?” o “¿me veo mejor?”, sino también “¿entreno mejor?, ¿soy más fuerte?, ¿me recupero mejor?, ¿controlo mejor mis hábitos?”
El objetivo no es conseguir un buen resultado durante unas semanas. Es convertirte progresivamente en alguien capaz de mantenerlo.

